La soledad merodeaba mi casa. 
Deambulaba
 por los pasillos vacíos. 
Golpeaba puertas y ventanas.
Se sentaba a la mesa y se acostaba
 en mi almohada. 

Acechaba tras cualquier palabra amable. 

Mientras, yo caminaba con la cabeza gacha, 
l
evantando barricadas entre mi piel y el mundo.