Nanorrelato:

Mi suegra adoraba a mi hija con una obsesión que a veces nos enfrentaba. Murió cuando la niña apenas tenía un año. Ahora tiene tres. 
Ayer le enseñé su foto por primera vez y la reconoció sin dudar. 
—Es que cada noche me da un beso y se queda conmigo hasta que me duermo. 
La niña miró la mecedora. 
—¡Uy! —dijo tapándose la boca—. Ahora está enfadada porque conté nuestro secreto.