Nanorrelato:


Compré esa casa porque tenía justo lo que necesitaba: una habitación para mí y otra más pequeña para ni hijo de cinco años. La primera noche transcurría con normalidad, hasta que me llamó:
-Mamá, hay un niño que quiere mi cama.
-No le hagas caso -le dije pensando que estaba soñando.
La noche siguiente me dijo:
-¿Sabes? El niño ya no quiere mi cama. Prefiere dormir en la tuya, contigo.