Hoy me llegó un olor a comida que me recordó mi adolescencia. Fue un instante maravilloso. No tanto por el sabor como por la época, que hubiese sido dichosa si me hubieran dejado disfrutarla.  Me la arrebataron con tal violencia que aún siento el vacío de esa amputación.
Me senté a la orilla de la felicidad, mojando apenas la punta de los dedos.