Hay un dolor que no se va; es un inquilino indeseado.
Un río que ha estado discurriendo por el mismo cauce tanto tiempo, que ha excavado un lecho profundo en mí.
Es esa mancha de humedad que por más que limpie, vuelve a salir.
Un invierno que se olvidó la primavera.
La piedrecilla en el zapato que me hace cojear.
Un ancla, una sombra, un zumbido.
El eco de mi grito infantil que aún sigue resonando.
Un reloj sin manecillas, una hiedra que creció demasiado.
Un barranco, un volcán, una falla...
Así es la topografía de mi alma.
