Esta mañana el cielo tenía una música nueva.
Los vencejos revoloteaban entre los tejados y el azul.

Llegaron sin ceremonia, sin permiso. 

Ayer el aire era solo aire. 
Hoy se abrieron de par en par las ventanas del verano.

Siempre me sorprende
que después de cruzar mares y continentes 
sepan encontrar de nuevo
este rincón del mundo.

Han vuelto,
y con ellos, una parte de mí
que no sabía cuánto los echaba de menos.