El narcisista parece bondadoso.
Regala para que el mundo admire su grandeza.
Pero el problema no es lo que da, sino a quién se lo quita.
No lo paga de su bolsillo.
La paga de otro; siempre del mismo.
Los testigos solo ven la sonrisa del beneficiado, 
no las lágrimas del perjudicado.
Es una condena silenciosa.
Unos ven regalos. Otros sufren el saqueo.