Todas las noches me desarmo.
Dejo mis piezas sobre la butaca
y por la mañana vuelvo a ensamblarme.
Dejo mis piezas sobre la butaca
y por la mañana vuelvo a ensamblarme.
Pero a veces me levanto deprisa
y encajo todo mal.
Entonces el miedo cuelga de los hombros,
el corazón aprieta la garganta,
y la tristeza empaña los ojos.
El cansancio me dobla las rodillas,
el amor se atrinchera en los pulmones,
y las preocupaciones me encorvan la espalda.
Y aun así, nadie sospecha nada,
aunque me mueva descompensada,
y chirriando por dentro.
y encajo todo mal.
Entonces el miedo cuelga de los hombros,
el corazón aprieta la garganta,
y la tristeza empaña los ojos.
El cansancio me dobla las rodillas,
el amor se atrinchera en los pulmones,
y las preocupaciones me encorvan la espalda.
Y aun así, nadie sospecha nada,
aunque me mueva descompensada,
y chirriando por dentro.
