Me pesa hasta la sombra,
olvidé cómo volar,
en mi mente una tormenta perfecta,
y afuera todo es claridad.
Soy un junco que no se quiebra,
una llama discreta que aún vive,
el antídoto de cualquier veneno
y la mano que lo sirve.
Pero el monstruo sigue bajo la cama, esperando que le vuelva a hacer un lugar en mi almohada.
