La decepción es un apagón 
que activa al instante una luz de emergencia.
Entonces, solo queda una sombra oscilante, 
colgada de un gancho de carnicero,
observar los montes calcinados y
ahogarse con el humo en los pulmones.
¿Hay algo en mí que aún late?
Sí. 
Las campanas de duelo,
el goteo de una hoja tras el deshielo,
un columpio oxidado.
 
Soy combustión en cada abrazo,
latente bajo siete capas de tierra.

¡Qué extraño! 
Yo antes tenía nombre...