No tendrá mi perdón.
No más navajas envueltas en terciopelo.
Nunca otra llave oxidada girará sin fin en su cerradura.
Rechazaré su enjambre revoloteando mi cabeza,
su balcón que da a un muro,
rincones viejos recién barridos,
conciencia de alquitrán...
Si ya saqueó mi corazón desde niña,
¿para qué tumbar lo poco que dejó en pie?
No más navajas envueltas en terciopelo.
Nunca otra llave oxidada girará sin fin en su cerradura.
Rechazaré su enjambre revoloteando mi cabeza,
su balcón que da a un muro,
rincones viejos recién barridos,
conciencia de alquitrán...
Si ya saqueó mi corazón desde niña,
¿para qué tumbar lo poco que dejó en pie?
