Fui jardín, pero ahora llevo en mí un cementerio de ilusiones. Solo la hiedra crece y me envuelve hasta crujir mi alma.
Cuervos vuelan sobre mi cabeza mientras construyo mi ataúd con las astillas que el mundo me ofrece. 

No, el tiempo no cura: solo amontona los cadáveres en la misma fosa común...
Mira, por ahí viene mi lápida.

Suena el campanario. ¿Lo oyes?

Es hora de irse: la luz de mis ojos parpadea.