Embustero, 

pero en sus labios 

nacían palabras 

como hechizos 

que persuadían al aire.

Una fábrica de excusas, 

de chismes recién horneados, 

pócima lenta y dulce 

que bebí con reparo.

Hoy lo añora mi alma... 

El veneno debe disfrutarse con calma.